artista visual y poeta italo argentino contemporáneo
Gladys Sica
vanguardia artistica - poética - surrealismo

 

Prólogo al libro "En el fuego del silencio -el viaje"

La penumbra y el eco

de Franco De Faveri

 

 

Con dolorosa alegría, este título, con su singular oxímoron, programáticamente colocado en el limen de la presente antología, volverá a resonar en el penúltimo verso, con fuerte efecto de eco. Y el procedimiento reaparece después en casi todas las siguientes poesías , si bien con algunas variaciones .
Luego están los casos de la proliferación del eco, mediante el recurso de la anáfora. El primero se encuentra en Busco, y, en modo más penetrante todavía, casi obsesivo, en Hay, título que es retomado en la conclusión; entre el titulo y el final, como entre dos paréntesis, hay reaparece otras seis veces.
El procedimiento es naturalmente consciente, tanto que vemos invocar el eco en sí mismo (v. 3-4): Agrega misterio al misterio / un eco de inaccesibles mares.
El efecto de eco aquí se imprime sobre la entera estructura de la composición, de dos maneras. La primera a través de la simple repetición de una palabra ; la otra, más sutil, merece un profundo análisis.

En la segunda estrofa de Hay, se ven los v. 6-7: Hay una zona de luz en el dolor, / en la noche de nuestras noches, éstos retumban en la cuarta estrofa, final, en los v. 17-18: Hay una zona de sombra en la alegría, / en la mañana de nuestras mañanas. A la zona de luz en el dolor corresponde así la zona de sombra en la alegría, y las metáforas de la sombra y de la luz expresan bien la penumbra en la cual, según Gladys vivimos, por lo tanto la noche del dolor viene, tenuemente, a iluminarse, mientras la mañana de la alegría en parte se oscurece.
El procedimiento no es un simple juego de habilitad verbal, sino que posee en cambio una profunda verdad suya: el “juego” de los ecos es la expresión adecuada-inadecuada de la posibilidad imposible (v. 16), que no hay, pero hay, que es la nada del ser y el ser de la nada. Reencontramos aquí el antiguo Inefable de los místicos, transformado en original procedimiento poético, justamente, el del eco. El eco es una voz, pero disminuida, voz sin sujeto, mera imitación fónica, misteriosa sin embargo. Tanto que, quien juega con este misterio, puede ver la ilusión de la presencia extraña, transformarse en una inexplicable presencia: que hay, no obstante todo…

En otras poesías, pero bastante raramente, el referente místico aparece con su antiguo nombre, mas circundado e impregnado de sombra, de olvido (A la sombra del olvido de Dios, en: Agosto de extrema desnudez), en la lejanía de la ausencia (El hombre aguarda la bendición de Dios, en Ceguera). Y: ya no quedan colores en el gran paraíso de Dios, nos advierte la poesía que lleva, con su eco, este título. Mientras (A mis espaldas) el viento, nos roba el abrazo de Dios.

Sombra, olvido, lejanía, ausencia de color: son todos sinónimos de la penumbra de la cual más arriba se hablaba y que es la atmósfera en donde vive el hombre hoy en día, que es descrito en versos preciados y con metáforas de indudable originalidad. Todos, está dicho (vuelvo a la primera poesía, ya citada: Con dolorosa alegría), o casi, huyen como animales agitados, en un mundo en el cual la naturaleza misma se ha convertido en símbolo de la enajenación (Cada árbol, como un árbol solitario y extraviado), mientras la esperanza, el sueño utópico de un mundo diferente y mejor, sobrevive sólo en ruinas (Los sueños sobreviven apenas / en frases y formas olvidadas).
Esta poesía es paradigmática en su estructura dual, también marcada por el paralelismo de sus dos estrofas en oposición. Se encuentra en ella, en realidad, un mondo ajeno y alienado, el mundo de la huida universal como nos lo muestra la primera estrofa; enfrente de esto el mundo del Yo lírico, inmerso en el entorpecimiento sonámbulo del desamor endémico, como nos lo indica la segunda estrofa.
Esta oposición entre dos mundos yuxtapuestos constituye el paradigma de todas o casi las poesías siguientes, entre las cuales selecciono alguna explicación.
La alienación del mundo exterior contamina tanto el tiempo como el espacio que le pertenece: su tiempo tiene la característica de lo anónimo (Agosto de extrema desnudez), y de la precariedad (o de la provisionalidad en: Lo que nos salva); el espacio, o sea la tierra en la que el hombre alienado vive, es extraña (Una patria para su obra; el predicado retorna: En tierra extraña).
La condición alienada invade el alma en su intimidad: el corazón está descentrado; se vive en la desintegración primero invisible que luego, tanto crece y amenaza, se torna del todo visible (Una patria para su obra).

Por lo tanto los sentimientos resultan igualmente alienados y entre ellos, primero de todos, el más importante, el amor que se vuelve impostura (Festín engañoso) y aprisiona el Yo entre los barrotes de su inminencia dudosa. La poesía A mis espaldas contiene toda una fenomenológica de los padecimientos del Yo que es particularmente vulnerable (Con dolorosa alegría) precisamente por su vocación di liricidad que lo lleva, lo quiera o no, a hacerse cargo de los otros (llevo luces y abismos ajenos).
Volvemos a encontrar aquí (Sueño un sueño…) la figura del eco de una manera más sutil y profunda: Quizás sólo sueño un sueño/ que pertenece a otro …, se pregunta de hecho el Yo lírico, que se sabe víctima de un hacer del cual siente toda la vanidad (este inútil hacer - arte y poesía).
Sin embargo este hacer, misteriosamente, sostiene el alma (Alejada del propio destino).
Se perfila, con esto, para el alma (que es la palabra que, con corazón, más frecuentemente se repite) una redención aparentemente inesperada pero dotada de una misteriosa realidad: Revelación (y este título, desprovisto de eco, no es ciertamente casual) nos habla de la opresión del corazón que cae.
Pero en esta caída, sin más preguntas, sin resistencias, el Yo se siente sostenido por algo totalmente desconocido, por algo ajeno al tiempo, muy íntimo y potente/ algo que está ahí y que – amorosamente - / sale a su encuentro.

Esta caída tiene carácter de verticalidad, ya que conduce hacia el Totalmente Otro aquí líricamente parafraseado con reminiscencias agustinianas (más intimo a mí de mi mismo, recordamos): el arriesgado rescate lírico (cómo conocer…el exacto color de las palabras?, se pregunta Sueño un sueño…) es, idénticamente un rescate místico, como también lo confirma la poesía inmediatamente siguiente, con el título que no podría ser más claro: Gloriosa visión.

La poesía es un escandallo del alma y el poeta un buzo de los abismos: Gladys Sica ha alcanzado, con estas bellas y apasionadas poesías los más remotos fondos de la desesperación – pero también de la esperanza.

*Salvo en poquísimas, 4 entre 37: Revelación, Lo que me queda, Domingo, poesía y después, Ceguera, La guerra.
**No es siempre el final, en efecto, que funciona de eco del titulo; otras veces, pero asaz raramente, el eco del título se halla en el cuerpo de la composición (La plenitud no dura es el título retomado en el verso: no importa que esta plenitud no dure) o inmediatamente en el primer verso (Fuego en el alma). En Todavía no es hora: el eco es doble: una vez en el primer verso y luego en el final.
***La repetición se dice mejor, técnicamente, figura etimológica: un ejemplo lo tenemos en el verso 3, antedicho, misterio al misterio, a continuación: en la noche de nuestras noches, v. 7; una pregunta que pregunta siempre, v. 11; en la mañana de nuestras mañanas, v. 18. Un eco di tipo semántico, en vez, hay en el v. 15. una espera que nos aguarda; también, en el oxímoron del v. 16: una posibilidad imposible.

Milán, abril 2005

 

Gladys Sica con el poeta Luigi Olivetti y el crítico Franco De Faveri, Librería Archivi del '900, Milán, 2005.

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