vanguardia artistica - poética - surrealismo
Gladys Sica
artista visual y poeta italo argentino contemporáneo


“En el fuego del silencio –el viaje”

Ed. Archivi del ‘900
Milán 2005

Presentación de Fortuna Della Porta*

 

Gladys Sica Librería-Bistrot "Agave", 2005, Roma.

 

También una lectura sumaria de la obra de Gladys Sica, es más el mismo título “En el fuego del silencio –el viaje”, nos permite de captar la originalidad del camino poético de la poeta italo-argentina principalmente basado en el contraste o sea en afirmaciones que incluyen su contrario. Algunos sintagmas, especialmente aquellos más significativos con respecto a su poética y a su sentir, son puestos y enseguida negados por una adjetivación de sentido contrario. Tal procedimiento genera una poesía sin opciones netas, en las cuales el resplandor implica simultáneamente la oscuridad profunda. La poesía, en efecto, testimonia el esfuerzo de la poeta de dirigirse hacia la Verdad, para ella ínsito en la naturaleza de las cosas y del hombre, pero que no le es permitido alcanzar y esto genera un verso suspendido entre dos sugestiones de signos opuestos.

En realidad con las mismas características se mueve la vida, continuamente ofuscada por atisbos de verdad destinadas al fracaso, porque ninguna certidumbre se inscribirá en el ánimo en forma durable. De alguna manera la vicisitud humana consiste exactamente en el precario equilibrio apenas descrito entre las preguntas que urgen enfrente a la vastedad del aparato cósmico y la imposibilidad de alcanzar la meta, explicándonos finalmente la génesis y la finalidad que mueven el universo y nosotros con él.
“...pero sólo sobrepasando el límite hay algo. algo que brilla también en la noche,” y es “por que allí, queremos ir” lamentablemente sin éxito.
Por lo tanto nos acoge en estos versos un pesimismo a la manera de Schopenhauer según el cual la vida fluctúa entre un dolor y una falsa imagen de felicidad, y al aburrimiento terrible sigue un nuevo espejismo engañador hasta que la muerta anula ilusiones y esperanzas.

La poeta intenta aquí con éxito una síntesis de las dos fases apenas descrita: una activa del escandallo, de la pregunta y del esperanza y la otra de la siguiente desilusión inevitable, incapaces en nuestra forma finita de comprender la Totalidad, bien envuelta en los planes inaccesibles del Creador o en el Incognoscible.
En la palabra poética, que intenta explicar el afán humano, entonces, “l’alegría se vuelve dolorosa, el festín engañoso, nuestro paraíso imperfecto, imprecisa la matemática, la posibilidad imposible” y, no obstante, el descarrilamiento de la palabra hacia su negación especular, produce una poesía de claros-obscuros, inquieta pero no gritada, dudosa pero no desperada.

La mirada que Gladys Sica arroja sobre el mundo y sobre si misma, absorta de preguntas, turbada por el misterio, regresa a la página sin seguridades sobre nuestra suerte presente y futura, en la cual también la muerte señala un confín más allá del cual no nos es concedido saber.
Poesía que avanza, en conclusión, hacia la indagación y el descubrimiento quedando enredada en las contradicciones en que la misma vida es prisionera.
“Por qué vivir y morir?” se pregunta la poeta al improviso en Lo que me queda con uno de esos interrogativos implacables y desarmadores que la razón no colma. Y además en La guerra quién qué cosa/ cómo cómo y por qué?”
Retornan las preguntas eternas y vibrantes sobre el lugar que ocupamos en el universo, sobre el engaño de los sentimientos, la quiebra de los proyectos, la dificultad de compartir los abismos del otro; cuestiones che se niegan a cualquier solución que supera la duda y la imposibilidad de conocer.
Sin embargo, atravesando la penumbra con la propia sensibilidad encendida y profunda estos versos se conservan sobrios y musicales y todavía lo son más en la lengua española, que para mí es la lengua de la poesía y de la música por antonomasia.
Frente al engañador festín del mundo, cuando los ojos han dejado de ilusionarse y en soledad han observado la miseria del vivir, la poeta non se rebela sino que se detiene perdida y casi aturdida. En ningún punto levanta el grito de la maldición y su furia.

Predomina en la poesía de Gladys Sica la meditación que filtra el verso conservándola seca y sin digresiones patéticas. Al sufrimiento toca la palabra-llave iluminante pero sin lágrimas.

Pero si el diseño cósmico, del cual ignoramos las reglas, permanece ajeno en su ilegibilidad, eso no agota el destino del poeta en este mundo pesado e incomprensible. Más aún la poesía encuentra su justificación en el continuar la búsqueda y, a pesar de las derrotas, representa el único punto firme y por lo tanto la salvación.
La sensibilidad poética desvela el carácter probabilístico y de dudosa finalidad del acontecer; más que rabia y dolor después de haber comprendido, l’autora se encuentra envestida del deber de revelar a los demás el juego cruel que nos a tocado.
La traición perpetuada contra la humanidad se refiere a la puerta cerrada del conocimiento, al tiempo circunscrito en su repetitiva banalidad, a la desilusión del amor.

El ansia de continuar a mirar más allá de los límites, en el núcleo de la esencia, esperando encontrar el significado general del cosmos, a despecho de la evidencia, consiste entonces el deber de vivir y en particular el del poeta che percibe antes que los otros o en legar de los otros lo ilusorio del viaje y la voracidad del tiempo que engulle los destinos, la memoria, l’ambición, los amigos, la pasión política, el dolor de la divinidad, pero también la genialidad del artista.
En Alejada del propio destino: “Este inútil hacer –arte y poesía-/misteriosamente, sostiene el alma.”
O también en A
mis espaldas: “El predestinado persevera como un loco/
mirando todo alrededor, solo en la cerrazón/ contra el desfavor de los tiempos.”
, obviamente el poeta.

Podemos a este punto entender también el denso significado del título de la antología, que indica justamente la parábola existencial “el inconducente peregrinaje a la deriva”, en La clara fuente, rodeada de silencio, porque nada nos habla detrás de la apariencia, de la esencia, en términos filosóficos, pero nos encadena como una hipnosis esperando que al menos el poeta no se rinda.

El núcleo de la verdad inaccesible es un fuego rico y vivo, pero inexpugnable. El fuego asume significados metafísicos, como un mundo mas allá del cielo, en él están incluidas todas las esencias, pero implacable nos excluye a nosotros de su ígnea sustancia.
A menudo la poeta vuelve a las ilusiones che, sin tregua, nos preparan trampas. Escribe “Fuego en el alma/ parecería encenderse el milagro.”, pero enseguida en Revelación “Oprimido, el corazón, cae.”
El amor que traicione deja en la lengua un sabor que se creía menos ácido, las pocas esperanzas que nos había regalado se evaporan y, en este punto, parece de verdad que Dios se haya olvidado de nosotros.
Sin embargo el amor puede conceder un reparo aunque precario. Es más, cuando acosa el afán también una pequeña pausa puede ser beneficiosa, si bien la poeta pediría al sentimiento y a la pasión mucho más... Va adelante con su indagación antes de concederse “pero yo quiero saber, primero,/ si te alegra la alegría de los otros,/ si estás triste por un dolor que no es tuyo/ si conoces la soledad que trae la enfermedad/ y qué has visto en el fuego del silencio.”
El amor al cual aspira comparte plenamente la visión del mundo junto a la del sentimiento, pero cuando está demasiado consumada por su pena dirá en Domingo, poesía y después “Tómame, que quiero dormirme./ Aprenderemos, después, a creer juntos.”
Estos versos nos indican que en el abandono al otro y con el otro existe el alivio a las dificultades del vivir.
De vez en cuando hay una explícita referencia a su otra patria, de la cual siente la llamada de sus años órfanos, desde la ciudad de adopción, cerebral y vanidosa, que nada sabe de un corazón argentino y menos todavía de un corazón de artista.
En conclusión, el mensaje que nos llega de la antología es la fe en la poesía como áncora de sobrevivencia. Sobre la conciencia límpida pesa la ancestral obligación que empuja hacia adelante al poeta a buscar el sentido de la Historia, también cuando la duración se deforma en guerra.
Mirando alrededor y una vez encontradas las palabras adecuadas para difundir la creencia de la vulnerabilidad humana, sobre la cual también cae la bendición de Dios que no estamos capacitados para recoger, consiste el privilegio del poeta che se transforma en el divulgador de la falta de un Absoluto.
El margen demasiado breve de los sueños, la imposibilidad de gobernar el curso de la propia vida, desvían la propia experiencia hacia los otros compañeros de desventura, aunque la soledad y el dolor continuarán a enrollar los días y las noches oprimiendo el alma.

Cuando dudará de sus fuerzas, interrogará a los otros sobre el sentido del dolor, de la enfermedad, el confín y el misterio de la tierra incandescente. Pero alcanzando hipotéticamente el fulcro de las respuestas, la poeta imagina que no sería posible soportar el peso, como en la dantesca frase: se possuto aveste saver tutto/ mestier non era parturir Maria (si hubiera podido saber todo/ María no habría tenido necesidad de dar a luz).
Efectivamente Gladys Sica se detiene a preguntarse “qué vamos a hacer entonces?”/porque allí, queremos ir,/ a donde convergen todos los cielos./ porque buscamos algo/ algo que brille también en la noche,/ algo que haga olvidar espera y pesar,/ algo que sobreviva a cualquier horizonte.”

Al final no se puede silenciar el estrato más profundo que sostiene la catedral de esta poesía: la profunda ansia de fe y la inspiración casi mística. La fe representa el puerto seguro que podría hospedarnos con serenidad, pero es claramente perceptible y consolante sólo en pocos momentos, en los cuales a menudo se realiza el milagro de una oración o de la certidumbre.
Podemos leer algunos ejemplos:
en Revelación ” Oprimido, el corazón, cae./Cae sin más preguntas, sin resistencias./ Naturalmente cae, como un fruto maduro/ y en ese silencio solitario cuando cae/ algo totalmente desconocido lo sostiene,/ algo ajeno al tiempo, muy íntimo y potente/ algo que está ahí y que -amorosamente-/ sale a su encuentro.”
O también en Gloriosa visión “ Y en el medio -encendido- el misterio./ En el medio -estremecida- el alma./ El alma, sola, / bajo la magia resolutoria/ de la última, gloriosa visión.”
O en Todavía non es la hora “ Pero no es hora aún, parece./ Entono una plegaria entonces/ para mantenerme despierta.”

Por último es necesario colocar la atención en la lección de refinada elegancia y dignidad del arte que se aclara desde el epígrafe en el cual la poeta asigna el privilegio de la búsqueda justamente al arte, en la función de penetrar el secreto y dirigir el propio viaje hacia la “tierra incandescente” del descubrimiento y de la verdad, en vez de sucumbir al ritmo de las convenciones y del correr superficial de los días. Sólo atravesando los límites del afligido, agónico ir tirando de las personas y las ciudades, en particular de Milán, se podrá encontrar “algo que brille también en la noche”.

Una especie de aflato a la manera de Leopardi acerca los hombres a lo largo del camino y con ellos no se puede no compartir la pena, mientras que el tiempo concluya el ciclo común.

*Fortuna Della Porta Escritora, poeta y crítica, Profesora de Literatura, vive en Roma. www.fortunadellaporta.it

Presentación del libro premiado con Fortuna Della Porta, Roma, 2005.

Copyright by © Gladys Sica
Prohibida la reproducción total o parcial, la republicación y/o difusión en cualquier forma del testo y/o imágenes sin la autorización o citación del autor.